Todos los años, en el mes de abril, se celebra al cooperativismo por sus notables aportes al desarrollo económico y social. El trabajo tenaz de cientos de miles de personas que creen y practican los principios de ayuda mutua, responsabilidad, democracia, igualdad, equidad y solidaridad, es la prueba viviente de que el cooperativismo continúa fortaleciéndose.

Con casi 200 siglos de historia y habiendo visto la luz en Inglaterra, este modelo de organización ha evolucionado, migrado, se ha sabido adaptar a diferentes áreas de la economía y ha demostrado su éxito.

En el área financiera, son millones de personas las que ven en las cooperativas una forma justa y efectiva de lograr sus metas; en el campo, los agricultores se asocian buscando mejores condiciones y precios para sus productos; personas de diferentes edades, procedencias y ocupaciones administran sus propios recursos y obtienen ganancias gracias a su fuerza de trabajo; niños en centros educativos aprenden la importancia de la ayuda mutua, y todo esto sucede en organizaciones de corte cooperativo que generan rendimientos incluso mejores que los de grandes empresas privada y lo mejor de todo es que estas se distribuyen entre todos quienes las conforman y no quedan en manos de pocos.

Por su naturaleza, las cooperativas generan inclusión social y una democratización de la economía que ayuda a los países a mejorar sus índices de desarrollo y su progreso.  Desde pequeñas asociaciones hasta grandes organizaciones dan ejemplo de los beneficios  y resultados que se pueden alcanzar.

El impacto de estas organizaciones no es de extrañar pues según el Consejo Mundial de Cooperativas de Ahorro y Crédito (WOCCU por sus siglas en inglés),  para el año 2015 alrededor de 223 millones de personas estaban afiliadas alrededor del mundo, a alguna de estas organizaciones, las cuales, para esa fecha, contaban con activos superiores a los $1.823 millones.

Por ello, en este mes en que celebramos nuevamente la labor de estas organizaciones, quienes formamos parte de estas debemos renovar el compromiso con la transparencia, con la eficiencia y con la generación de una plataforma que favorezca el desarrollo, el bienestar de las personas y ante todo, su felicidad y la de sus seres queridos. Ese es el fin último de las cooperativas en nuestro país y en cualquier parte del mundo.