En el marco de la 59° Asamblea General de Delegados, el Consejo de Administración abrió un espacio para rendir un homenaje al Programa de Becas Estudiantiles, que consiste en un apoyo económico equivalente a Avancemos y se entrega a los asociados que demuestran una condición de vulnerabilidad para mantener a sus hijos en la escuela o colegio.

El enfoque del programa de becas ha permitido formar una familia, porque los estudiantes y sus padres se reúnen una vez al año, entre junio y julio, en la actividad donde ambos asumen el compromiso de utilizar la beca de forma responsable para que los estudios se conviertan en ese factor de movilidad social que les permita acceder una mejor calidad de vida.

El programa inició en 2006 con la participación de 28 niños en primaria y 66 en secundaria. Para 2018 el compromiso está más vigente que nunca; 485 becas en total: 149 en Primaria y 336 en Secundaria.

Por eso, para hablar del programa y como representantes del mismo, cinco jóvenes becados se presentaron ante la Asamblea de Delegados para brindar su testimonio de vida, agradecer el apoyo al programa y recordarnos la importancia e impacto que tiene el valor cooperativo de la ayuda mutua.

 

Caleb, un experto en robótica

Caleb Hidalgo Espinoza es estudiante del Colegio Técnico de Alajuelita y cursa el último año de la carrea de Informática Profesional. Su historia en el programa de becas inició en 2009 y aunque su papá es asociado desde 2005.

 

Alondra Alpízar Bonilla

Su abuelita es asociada desde 1993, y es a la vez su responsable legal. A través de ella ingresó al programa de becas en 2015, actualmente cursa noveno año en el Liceo Laboratorio Emma Gamboa. Ella llevó una carta que leyó a la Asamblea.

Una prueba de compromiso con los estudios y sus familias

Una virtud del programa de becas es la formación de un compromiso de los becados no solo con el programa, también con sus familias y con la sociedad.

Por ejemplo, en el caso de Daniela Masís, ella es estudiante de octavo año del Colegio San Luis Gonzaga y pertenece al programa de becas desde 2014.

Desde niña se ha distinguido en oratoria y es una niña muy madura. Su mamá cuenta que Daniela asume un rol de responsabilidad en la casa apoyando a su hermana menor a hacer tareas, o a colaborar con su mamá en los deberes domésticos. Incluso, junto con su mamá, evalúan las prioridades a atender y así, ha aprendido a valorar y administrar el dinero.

En la actividad también participó David Vagas, quien se inició en el programa de becas en 2017, siendo estudiante de primer grado. Hoy cursa el tercer grado en la escuela Calle El Alto, en Alajuelita y desde ya, su excelencia académica tiene una razón: quiere llegar a convertirse en un agente del OIJ para hacer del país un lugar más seguro.

La representante de menor edad fue Nelsy Jiménez, estudiante de cuarto grado en la escuela Líder Pacto de Jocote, en Alajuela. Ella es parte del programa de becas desde el año 2016 y su papá es asociado desde 2008. Su sueño es convertirse en maestra, y también visitar Disney algún día.